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SONORA

  • 27 feb
  • 4 Min. de lectura

Estimados paisanos, tenemos un gran regalo para ustedes:

“Recuerdo haber escuchado sobre el estado de Sonora, cuando apenas tenía ocho años, gracias a mi abuelito don Rafael Hurtado, en su cantina ubicada en la ciudad de Chihuahua llamada ‘La Verbena’. Para sus nietos y los vecinos del barrio, él era ‘Papá Fay’. Como había laborado en los Ferrocarriles Nacionales, nos platicaba que el ‘caballo de acero’, fue durante la primera mitad del siglo XX, el medio de transporte más importante del país; escucharlo era como viajar en una máquina del tiempo impulsada por vapor.

Cuando ‘Papá Fay’ ponía en la rocola el disco de Francisco ‘El Charro’ Avitia, nos contaba la historia de la Máquina 501, la que corrio por Sonora. Apoyado en la barra, nos miraba y decía: “Miren el bien que hizo ese joven de 25 años en 1907, Jesús García, el Héroe de Nacozari”. Mientras el ‘Charro’ Avitia cantaba a todo volumen, mi abuelo relataba cómo aquel tren salió del mineral de Nacozari cargado de sueños y dinamita, y cómo al transitar por la sección de ‘El Seis’, Jesús entregó su vida para salvar al pueblo.

Sus pláticas llegaban hasta ‘Junction City’, el punto de entronque entre el norte y el sur de Sonora, conocido desde 1905 como Empalme, un centro ferroviario vital.

También nos ilustraba sobre la ruta de Agua Prieta, pasando por Cananea, Ímuris, Santa Ana, Magdalena de Kino, Benjamín Hill, hasta llegar a la ‘Ciudad del Sol’, Hermosillo, y al puerto de Guaymas. Decía que estos lugares crecieron gracias a la visión del General don Porfirio Díaz: “Sin él no habría habido progreso, ni ferrocarriles, ni trabajo para nosotros”, afirmaba muy serio. Cuando el intérprete entonaba que Jesús García había muerto por salvar a su gente, mi ‘Papá Fay’ se limpiaba las lágrimas y nos recordaba que ser ferroviario era cumplir con el deber. A mis ocho años, yo aspiraba que de grande quería ser tan fuerte como una locomotora y tan trabajador como mi ‘Papá Fay’.

Trece años después, a mediados de 1976, viajé a Sonora por primera vez, invitado por mi primo, el Dr. Guillermo Meléndez Meza. Coincidimos con el momento más glorioso del béisbol sonorense. No solo disfrutamos de la espectacular bahía de San Carlos, sino que fuimos testigos de una hazaña irrepetible: los Naranjeros de Hermosillo hicieron historia al convertirse en el primer equipo mexicano en ganar la Serie del Caribe en Santo Domingo. Bajo la dirección del mítico Benjamín ‘Cananea’ Reyes, el equipo era una maquinaria perfecta. Ver a Don Héctor Espino en su plenitud, nombrado el mejor jugador de la serie del caribe, presenciamos a la máxima leyenda nacional. Aún veo aquel lineup de lujo con Celerino Sánchez, Sergio ‘Kaliman’ Robles y el pitcheo de Vicente ‘Huevo’ Romo. Fue un privilegio compartir esa pasión y degustar la excelente comida sonorense en una época donde el estado era el epicentro del béisbol mundial.

En 1979, la vida me dio un nuevo rumbo con un ascenso en Time-Life. Mi responsabilidad como gerente de cobranza del noroeste me llevó de San Luis Río Colorado hasta Navojoa, adentrándome en el místico Camino del Diablo. Cruzar el Gran Desierto de Altar era imponente; me conmovía recorrer las dunas donde se filmó "Viento Negro", evocando a David Reynoso y la lucha contra la arena.

En Obregón y Navojoa, viví el nacimiento de la ‘Fernandomanía’. Ver a Fernando Valenzuela, el orgullo de Etchohuaquila, conquistar las Grandes Ligas, me llenaba el pecho de orgullo.

Mi vínculo con el segundo estado más grande de la República Mexicana, está ligado a mi vida; mi hija Marsella nació en Hermosillo y para mí, ella es la ‘Yaquesita’. Ese nombre representa el peso y la gloria de la nación yaqui, un pueblo indomable que ha custodiado el valle del Yaqui con una valentía legendaria. Los yaquis no solo son los protagonistas de la mística Danza del Venado, que conecta el mundo terrenal con el espiritual, sino que son el símbolo de la resistencia; un pueblo que nunca se rindió y que hoy, con sus pueblos tradicionales(Mayo,Yaqui, Pima, Seri, Cucapá, Papago, Guarijio, Kikapú), sigue siendo el corazón latente de Sonora.

Aún guardo gratos recuerdos de la ruta terrestre de Janos a Agua Prieta, cruzando el Puerto de San Luis en la Sierra Madre, donde la carretera se abre paso entre cerros majestuosos. Sonora es el refugio de los pinos y la esencia vaquera, presente en sus Pueblos Mágicos: Álamos, con su caldo de queso y cajeta de almendra; Magdalena de Kino, con sus chimichangas; Ures, capital del jamoncillo y el pan dulce; y San Carlos, con sus callos de hacha frente al Tetakawi.

Y cómo olvidar los pueblos de la Sierra Alta de Sonora. Es una región montañosa al este del estado, caracterizada por sus paisajes impresionantes, tradiciones ancestrales y rica historia. En esta zona, diversos pueblos como Moctezuma, reconocido por su importancia histórica y su tradicional actividad ganadera; Villa Hidalgo, destacada por su herencia colonial y su entorno natural; Huásabas, famoso por sus festividades y su cercanía con el río; Granados, con un fuerte legado minero; Huachinera, conocido por su tranquilidad y paisajes serranos; Bavispe, rodeado de ríos y naturaleza imponente; Nácori Chico, distinguido por su tradición ganadera y su ambiente rural; Fronteras, punto clave por su actividad minera e histórica; y Nacozari de García, recordado por su pasado ferroviario y minero, ofrecen experiencias únicas, desde arquitectura histórica y arte local hasta naturaleza, pesca y tranquilidad rural.

Más que un destino turístico, la Sierra Alta desafía la percepción del desierto sonorense, con elevaciones de hasta 2,400 metros y un profundo valor cultural y económico para la región.

El amor a mi hija Marsella, el desierto, la playa, la sierra, el valle, así como el cine y el béisbol se entrelazaron en mi camino para siempre, gracias a este bello estado.

He comprendido que para conocer a plenitud el estado de Sonora, se necesita recorrerlo con una guía de turismo profesional; qué mejor que hacerlo con la Guía turística de Sonora de Editorial Océano.

Por ello, me es grato informarles que he recibido de la librería Bodega de Libros un lote de 10 guías nuevas (edición 2010), con un valor de $375.00.

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