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Baja California

  • 3 mar
  • 10 Min. de lectura

Estimados subscriptores, tenemos una sorpresa para ustedes:

La primera vez que viaje a Tijuana en 1979, por motivos laborales, tenia la inquietad y la sensación de miedo, sin embargo, hoy en día vea una ciudad moderna, con grandes vías de comunicación, la única constante es la excelente calidad de sus habitantes.

"En aquella época, Marco Antonio Solís 'El Buki' interpretaba y popularizó la canción 'Casas de cartón' (originalmente titulada 'Techos de cartón') y también el famoso corrido 'Contrabando y traición', popularmente conocido como 'Camelia la Texana'. Esta pieza fue compuesta por el músico chihuahuense Ángel González entre 1971 y 1972; aunque existen mitos sobre su veracidad, la historia fue creada por González y lanzada a la fama mundial por Los Tigres del Norte, quienes la grabaron y convirtieron en éxito a partir de 1973.

Con esta atmósfera musical me tocó conocer esta población fronteriza.

Constaté que, efectivamente, mucha gente que llegaba de toda la República Mexicana vivía en este tipo de construcciones en pleno centro de la ciudad y soñaban con cumplir el sueño americano, y el primer paso era llegar a la población vecina de San Isidro, California.

Recorrer la Avenida Revolución, históricamente la más famosa y turística, ideal para compras, restaurantes y vida nocturna, fue como trasladarme a mi querida Ciudad Juárez, Chihuahua, únicamente que mucho más grande y con más turistas extranjeros.

Incluso conocí y disfruté del espectáculo de Jai Alai en el icónico Palacio Frontón, un emblema arquitectónico de la Revolución.

Mi oficina estaba en la Colonia Cacho, a media cuadra del Bulevar Sánchez Taboada, una avenida clave que conecta la zona del centro con la zona de restaurantes, donde yo disfrutaba la gastronomía, especialmente la oriental, la famosa ensalada César que nació en 1940 de la mano de alivio Santini, Chef del Hotel Caesar’s y la bebida a base de tequilita llamada Margarita creada para Margarita por David Negrete en 1950.

Muy pronto me enamoré de esta ciudad tan versátil, gracias a mi afición a la lucha libre que se realizaban en el Auditorio Municipal Fausto Gutiérrez Moreno. Ahí conocí al legendario Mil Máscaras, Blue Demon, el Perro Aguayo, Baby Face, los temibles Misioneros de la Muerte, los Villanos, los Dinamita, Kiss, Rayo de Jalisco Jr., y muchos otros.

Dicho establecimiento se encuentra muy cerca del Hipódromo, por el Bulevar Agua Caliente, donde también admirábamos la majestuosa Torre de Agua Caliente.

Indescriptible el Paseo de los Héroes: situada en la Zona Río, es conocida por sus glorietas, monumentos y por albergar centros financieros y comerciales. No podía faltar la visita al Centro Cultural Tijuana (CECUT), apodado 'La Bola', que se volvía el nuevo corazón cultural.

Finalmente, nada como pasear en Playas de Tijuana para disfrutar una corrida de toros el domingo por las tardes en la Plaza Monumental, donde se presentaban los matadores de toros como: Eloy Cavazos, el "Pequeño Gigante de Monterrey" fue una figura constante que incluso otorgó alternativas en la ciudad (como la de César Castañeda en 1998).

-David Silveti: El "Rey David", recordado por su arte y valor, fue padrino de alternativas importantes en esta plaza.

-Miguel Espinosa "Armillita": Una de las máximas figuras del toreo mexicano que engalanó los carteles tijuanenses en múltiples ocasiones.

-Curro Rivera: Otro de los grandes nombres que frecuentaba la frontera en la época dorada de las corridas dominicales, justo al lado del mar y donde empieza el territorio nacional

Tecate:

Durante los fines de semana que, por algún motivo, no podía regresar a la capital de Chihuahua, aprovechaba para visitar algunas ciudades fronterizas como San Diego y Los Ángeles en Estados Unidos; o bien, del lado mexicano, Ensenada y Tecate. En este último encontré un remanso de paz entre encinos y piedras gigantes.

Ahí llegué a la panadería "El Mejor Pan de Tecate". Su aroma es inconfundible y ver las charolas salir calientes del horno es casi un ritual. Caminar por el centro histórico del único Pueblo Mágico de Baja California —específicamente en el Parque Miguel Hidalgo— me recordaba a mi querido Jiménez, Chihuahua. Me sentaba en sus bancas a ver pasar a la gente y la tarde, siempre con el sonido de fondo de la molienda de la famosa Cervecería Tecate, cuya imponente estructura domina el paisaje del centro.

Es imposible no sentir orgullo al ver cómo una tradición nacida aquí en 1944 llegó a todo el mundo a través de sus emblemáticas latas rojas.

Para quienes buscamos nuevas experiencias, el camino continúa hacia la zona arqueológica de El Vallecito. Allí, el silencio del desierto me envuelve mientras descubro las pinturas rupestres de los antiguos Kumiai; observar la figura de "El Diablito" bajo la luz del sol es una experiencia mística y un recordatorio de que esta tierra posee raíces milenarias.

Finalmente, subir un poco por las faldas del Cerro del Cuchumá, una montaña sagrada que vigila la frontera, me regala una vista limpia y profunda del horizonte.

Mexicali:

A principios de 1982, tras el cierre de Time-Life Internacional de México, decidí emprender mi propio camino como gestor de cobranza independiente. Recuerdo que llegué rozagante a Mexicali, "la ciudad que capturó al sol", después de una travesía de más de 1,250 kilómetros a bordo de mi inseparable "bochito" Volkswagen color naranja.

Con una maleta llena de sueños y el ímpetu de la juventud, crucé por el lado estadounidense en Calexico, California, para finalmente instalarme del lado mexicano en un departamento en la colonia Revolución.

Pronto comprendí lo que significa el rigor del desierto. Mexicali tiene un clima extremo que en verano supera los 50 °C, una intensidad tal que era común cocinar huevos directamente sobre el cofre o el techo de los carros; una prueba irrefutable de que en esta tierra el sol no perdona.

Lo más impactante era su geografía: gran parte de la ciudad y su valle se asientan por debajo del nivel del mar, creando un efecto de horno natural único.

En contraste, durante el invierno, el sol se ocultaba aproximadamente a las cuatro de la tarde, sumergiendo la ciudad en obscuridad y un frío repentino.

En aquel entonces, todavía resonaba el éxito de Gilberto Valenzuela, "El Sahuaripa", quien en 1976 ganó el Festival OTI con la canción "De que te quiero, te quiero". Aunque era sonorense, se le quería como a un "sonorense muy cachanilla". Su voz y el himno que marcaba mi radio fueron mi verdadera guía turística:

"Orgulloso y cumplidor, Mexicali fue mi cuna, Tecate mi adoración. Y en mi coqueta Tijuana traigo prendido un amor; por allá en Ensenada se quedó mi corazón. El cerro del Centinela, antiguo y viejo guardián, tiene un lugar en la historia de esa mi tierra natal. Yo soy puro cachanilla, lo digo sin pretensión, soy de Baja California, norteño de corazón. En su valle tan querido mil veces me fui a pasear: pa' la estación Victoria, Cuervos y su Mezquital; su gran colonia Carranza, San Felipe y Cucapá. Mi tierra es una esmeralda siempre bañada de sol; desde la alta Rumorosa le brindo yo mi canción, a su Laguna Salada y a todita su región. El cerro del Centinela, antiguo y viejo guardián, tiene un lugar en la historia de esa mi tierra natal. Yo soy puro cachanilla, lo digo sin pretensión, soy de Baja California, norteño de corazón."

Realizaba mi cobranza principalmente en la emblemática colonia Pueblo Nuevo, conociendo el verdadero pulso de la ciudad.

Al caer la noche los viernes, la pasión se trasladaba a los escenarios deportivos, en el palenque, asistía a las funciones de lucha libre con leyendas como Kiss, El Tiburón, Tawa, los Misioneros de la Muerte, los Villanos, As Charro, Gran Cochiss, y el páseño Eddy Guerrero.

El boxeo tenía su altar en la Plaza de Toros Calafia, donde después se llevó acabo la llamada "Pelea de Odio" en 1987, donde Javier "El Kid" Márquez noqueó a Juan Meza.

En ese mismo ruedo desfilaron figuras como Jorge "Maromero" Páez, el gran Gilberto Román, Eduardo Montoya y Raúl Franco.

También me cautivó la historia de los nombres binacionales: Mexicali(México-California) y su hermana Calexico (California-México). Los fines de semana solía cruzar al Mercado de las Pulgas (Swap Meet) en Calexico y, de regreso, recorría la Avenida Revolución para disfrutar de la comida china o los tacos de carne asada.

Mis recorridos en el "bochito" me llevaron a la majestuosa Rumorosa y la mística Laguna Salada, pero mención especial merece el puerto de San Felipe. Conducir hacia allá era ver cómo el desierto se funde con el Mar de Cortés. San Felipe me recibió con su icónico malecón y sus mareas extremadamente bajas, donde el mar se retira cientos de metros revelando un paisaje infinito. Era el refugio perfecto para disfrutar de unos tacos de pescado frente a ese azul profundo, siempre consciente de estar en una tierra que desafía al océano desde su profundidad bajo el nivel del mar.

A orillas de la ciudad se encontraba el complejo industrial donde se ubicaba la ensambladora de los tractores Kenworth en Mexicali. Me tocó ver cómo la planta vivió hitos operativos y de producción que resultaron fundamentales, en 1980, celebraron con orgullo un hito de producción: la fabricación de la unidad número 10,000. En aquel entonces, la producción fue de 15 unidades por día, una cifra récord para la época que demostraba la enorme capacidad y eficiencia de nuestra mano de obra mexicalense.

Al final, de mi estancia en Mexicali, más allá del sol abrasador y las arenas del desierto, lo que realmente perdura es la lealtad de su gente.

Ensenada:

La reunión anual de la familia Meléndez, celebrada un fin de semana antes del 16 de septiembre en Ensenada, B.C., es una tradición que iniciamos hace más de diez años. La mayoría de nosotros arribamos el viernes al Aeropuerto Internacional General Abelardo L. Rodríguez, comúnmente conocido como el Aeropuerto de Tijuana (TIJ). Esta terminal es un punto clave que sirve a la región, incluyendo Ensenada, Tecate y el condado de San Diego, gracias al Cross Border Xpress (CBX). Este puente peatonal de 120 metros nos permite cruzar la frontera de forma rápida y segura las 24 horas, evitando las largas filas de las garitas terrestres.

Al salir de la terminal, nos dirigimos a las oficinas de Autotransportes ABC, que cuenta con salidas hacia Ensenada cada hora. Sus unidades son nuevas, limpias y realizan el trayecto en aproximadamente una hora y media.

El viaje se pasa volando a través de la Carretera Federal 1D, una vía de cuota operada por CAPUFE y famosa por sus vistas espectaculares al Pacífico. Siempre recomendamos tomar los asientos 3 y 4 para disfrutar el paisaje a plenitud.

Al llegar a Playas de Rosarito, comienza un recorrido de antología; es ahí donde filmaron la película Titanic y convirtieron el set en un museo.

Al divisar la figura del Cristo Redentor en lo alto de una colina, apreciamos la belleza de la naturaleza con un mar azul profundo bajo un cielo celeste. En el camino, pasamos cerca del Mirador Salsipuedes y del centro gastronómico de Puerto Nuevo, famoso por su langosta.

La autopista continúa bordeando el mar entre bellos acantilados y amplias curvas.

El primer aviso de que la fiesta va a comenzar es el cruce por la última caseta de cobro de la Autopista Escénica. En la terminal terrestre nos reciben con los brazos abiertos los doctores Jorge Field y Soledad “Chole” Meléndez, quienes planean con esmero las actividades de los siguientes tres días.

El sábado lo dedicamos a "turistear", y una de nuestras experiencias favoritas es la Ruta del Vino. Recorrer el Valle es, en realidad, recorrer nuestra propia cronología. Aquellos infantes que jugábamos sin descanso en Jiménez, Chihuahua —la ciudad de las aguas termales—, hoy caminamos entre viñedos, brindando por el futuro con la misma intensidad con la que antes compartíamos secretos. Cada parada no es solo para catar un vino, sino para paladear la fortuna de haber crecido juntos. El Valle de Guadalupe es el testigo silencioso de cómo nuestros juegos de niños se han transformado en conversaciones profundas de adultos que aún saben soñar.

Tampoco puede faltar la visita a La Bufadora. Su rugido eterno, al igual que nuestra unión, tiene una fuerza que no se rinde; ese espectáculo natural nos recuerda que hay lazos que permanecen constantes.

Disfrutamos de excelentes mariscos en el Mercado Negro y recorremos la bahía en una pequeña embarcación. Es una experiencia íntima y emocionante que nos permite sentir la brisa fresca y explorar rincones inaccesibles, como observar a los lobos marinos descansando en sus balsas. Caminar después por el malecón no es solo disfrutar el aire salitroso; es la certeza de que nuestra unión familiar tiene sentido en su forma más pura y al llegar al final del recorrido disfrutar un buen atardecer escuchando la Tambora Sinaloense.

El sábado por la noche celebramos nuestra Fiesta Mexicana, recordando los pasos del baile del Twist, disco, rock, cumbias y música regional mexicana.

Entre sabores de nuestra tierra y brindis compartidos, confirmamos que nuestra herencia no es solo el pasado, sino este presente vibrante donde la familia es el centro de todo.

Al mirar atrás, vemos una infancia feliz que nos dio las raíces necesarias para ser los adultos que somos hoy. Pero lo más valioso de este encuentro no es solo recordar quiénes fuimos, sino diseñar el futuro a pesar de nuestra edad.

Indudablemente no puede faltar la foto grupal del recuerdo, con nuestras playera y gorras especiales cada año.

 “Soy Melendez, pero lo Hurtado nadie me lo quita”

Llevo grabadas en el alma las visitas anuales a Ensenada, como la primera vez que me acompañó mi hija Marsella,después Mama Cala y en los últimos añosTeresita; recuerdos que atesoro como el regalo más grande de mi vida. Aún puedo sentir la esencia de esta bella tierra en aquel último viaje que compartí con Juan Carlos Hurtado B., donde celebramos con el corazón la dicha de los cuarenta años de casados de los doctores Soledad “Chole” y Jorge Fiel, rodeados del cariño de todos los primos Meléndez Meza.

Hoy, mientras el sol se funde tras el horizonte de Ensenada, comprendo que honrar a mis seres queridos que han partido es mi manera de mantenerlos presentes. Porque al final, volver a encontrarlos en mi memoria siempre será la mejor forma de recordar Ensenada.

Desde los viñedos del valle hasta el sabor fresco del mar y sus paisajes desérticos, Baja California es un destino sin igual. Sin embargo, para descubrir sus mejores secretos y optimizar la inversión, una buena guía turística es la clave para una experiencia perfecta.

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Museo del Libro Antiguo

Chihuahua, Chih., México

 
 
 

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